6 lugares secretos en Plovdiv al aire libre

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Plovdiv tiene tantos rincones al aire libre con encanto que, cuando sales a pasear, tus pies te llevan en auto piloto y sin pensar a algún lugar mágico. Claro que esto le sucede también al resto de miles de paseantes que disfrutan de las amplias zonas peatonales en Plovdiv y te encuentras con conocidos/as constantemente. Plovdiv tiene la calle peatonal más larga de Europa con 1.750m y encima cuenta con tesoros de la arquitectura de distintas épocas. Sus paralelas y perpendiculares te llevan a otros rincones de disfrute llenos de vida como placitas, parques y jardines. Es normal que sea un imán para andarines y andarinas.

La mitad de la belleza de la ciudad es poder ver a sus habitantes disfrutar de ella (compensando el tráfico agonífero que sufren entre semana), sabes que no es una ciudad grande y sin embargo “está a reventar”. Cuando quieras estar a solas con Plovdiv, puedes asomarte a estos remansos de paz:

Sveta Marina

Esta pequeña basílica es una auténtica belleza que pasa desapercibida simplemente por su ubicación, encajonada en la falda de la colina Taksim y rodeada de viviendas. En su pórtico encontrarás murales con escenas del Antiguo Testamento en las que domina el azul. ¿Eres capaz de identificar a Sansón, Caín o David?

Aunque el templo y sus pinturas son impresionantes, lo que te conquistará de verdad es su campanario de madera único en su especie. La primera vez que lo vi pensé que era de un templo asiático (ignorante de mi). Tiene 17 metros de altura y 6 pisos que se van estrechando ascendientemente. Sus ventanas, con cuya forma y tamaño también jugó el arquitecto, tienen rejas decorativas de cobre azulado que contrastan y armonizan la estructura oscura en roble. Aunque la visito regularmente, todavía no he oido a sus campanas sonar.

En el patio hay numerosos bancos donde puedes sentarte a descansar, dibujar, meditar. Con suerte, coincidirás con la hora de misa y podrás participar en ella y escuchar los cánticos del sacerdote. Te recomiendo cruzar el campanario y subir las escaleras que te dirigen al Antiguo Teatro, y darte la vuelta para admirar el conjunto arquitectónico.

Grozdov Pazar

Si estás buscando un lugar donde experimentar el verdadero Ailiyak, la plaza Grozdov Pazar (Mercado de la Uva) te está esperando con un banco a la sombra que lleva tu nombre. El pequeño jardín al pie de la colina Sahat te atrapa con sus esculturas contemporáneas, un parque infantil y las coquetas viviendas y comercios de barrio que le rodean.

Sus constantes cambios de nombre nos cuentan mucho de la ajetreada historia de este enclave: Bajo el gobierno otomano se llamó Gül bahçe (Jardín de Rosas) y Yemiş pazar (Bazar de la fruta). En la Segunda Guerra Mundial, la Wehrmacht nazi plantó aquí su campamento y durante el Socialismo pasó a ser la plaza Vela Blagoeva (Escritora, publicista, pedagoga y periodista, de las pocas mujeres en cuyo honor se nombra un espacio público en la ciudad). Durante los años 50 y 60 la plaza se convierte en la estación central de autobuses y surge su nombre popular “mercado de la uva”, dado que debido al tragín del gentío, vendedores de fruta se acercaban a ella para ofrecer su mercancía.

En el año 2008 se le renombró como “22 de Septiembre” en honor al primer centenario de la Independencia de Bulgaria. A los propietarios de los inmuebles de la plaza no les hizo ninguna gracia porque actualizar las escrituras cuesta unas 1.000 levas (muchísimo dinero para una familia) y la comunicación con los propietarios que viven en el extranjero fue pésima. Esta anécdota ilustra cómo a menudo los políticos toman decisiones que parecen inocuas sin pensar en las consecuencias.

Un año más tarde se añadió un conjunto escultórico en honor al arquitecto municipal Josef Schnitter, el visionario que cambió para siempre el urbanismo de Plovdiv entre los años 1888 y 1891.

Dondukova Gradina

En comparación con otros parques de la ciudad, notarás que éste pobre está un poco abandonado y falto de cariño, a pesar de ser el primer parque público planificado por el Ayuntamiento de Plovdiv. Pocos conocen su verdadero nombre y nos solemos referir a él como “El parque de al lado del edificio de la empresa eléctrica”. Aún en su estado semi decadente te va a enamorar: es lo suficientemente grande y espacioso para dar paseos y jugar, para admirar sus árboles y pamleras, escuchar pájaros en contraste con el bullicioso bulevar en su extremo norte, descubrir esculturas, monumentos y edificios con mucho carácter.

Te llamará la atención las numerosas plantas y árboles exóticos, sobre todo Lilas de las Indias (Lagerstroemia indica). Acabas de encontrar “El jardín de la Tolerancia”, que se plantó por niñas y niños armenios, búlgaros, judíos, italianos, rusos y turcos en una ceremonia para celebrar la amistad y unión entre etnias y naciones que mantienen conexiones históricas con Plovdiv. Lo cual tiene guasa porque Plovdiv en la actualidad no es una sociedad muy abierta a la diversidad, y una vez aprendas algo más sobre los edificios que rodean al parque entenderás por qué:

Verás un edificio blanco elíptico que algunos llaman la Mandarina, otros El ovni, y en realidad se llama El Loto. En esta joyita de las arquitectas Dimka Taneva y Maria Sapundjieva, de los años 70, tenían lugar ceremonias civiles.

Pegado al Loto está el museo de Ciencias Naturales, y en frente tiene La Casa de los Recién Casados (exacto, para bodas y ceremonias civiles). 

Desde el pórtico de este edificio ceremonial verás la mezquita Taskopru a la derecha cruzando el bulevar. Está cerrada tras varios ataques xenófobos y parte de su patio se usa como terraza de un bar, pero esto no es lo más vergonzoso: En frente tuya hay un monumento a la queridísima comunidad judía. Pero detrás suyo, en ruinas con un cartel rojo que dice “MEBELI” (Muebles), está el Baño Orta Mezar (originalmente turco, luego judío, y funcional durante el comunismo hasta los años 80), que fue victima de un incendio presuntamente causado por neonazis aunque se baraja la posibilidad de que haya sido un ataque planificado por especuladores urbanísticos.

A Plovdiv le encanta autoproclamarse “ciudad diversa” abusando de su pasado, pero está aún por demostrar en el presente que puede mantener tal título.

Otets Paisii

Si prefieres no andar esquivando grupos de paseantes en la calle principal, puedes tomar un pequeño desvío en la paralela Otets Paisii con sus estrechas aceras y pequeños comercios (especialmente joyerías). No es una calle peatonal pero al final de la misma, en dirección a Trimontium, se ha cerrado el tráfico y gracias al pequeño jardín y los bares de esta esquina, emerge un remanso de paz y tranquilidad.

Te recomiendo una parada estratégica para beber una cerveza o un té en uno de los bares, dado que por desgracia este rincón no tiene bancos públicos. Puedes explorar los alrededores: Verás el Odeón desde otra prespectiva, la basílica y la catedral católica, la colina Dzjambaz… y alguna escultura que otra oculta en el jardín.

Ladera sur de Bunardjika Tepe

Sí, ya sé, vais a decirme: ¡Vaya sitio secreto al aire libre es este, por favor, si se puede ver desde media ciudad! La colina Bunardjika tiene varias rutas para llegar a nuestro querido Alyosha (el soldado guapetón que hay en la cima). Aunque hay varias escalinatas e incluso carretera, hay un caminio secreto al que yo llamo “El lado salvaje de Alyosha”.

No creas que es tan salvaje: soy de Zaragoza, mis pies han evolucioando para andar exclusivamente en llano, y me encanta exagerar. Es una ruta bien fácil aunque no tiene señalización. De hecho, no aparece en Google maps, pero sí en otros mapas como este.

Cuando llegues al Acueducto / Fuente del Oso, toma el camino estrecho a la izquerda. Debes ver una una iglesia y durante el ascenso tendrás casi siempre visible Mladeshki Tepe (la más alta de todas las colinas de Plovdiv).

¿Qué tiene esta ruta de mágico? Vas a subir la colina pegándote al escarpe, que cuenta con una colonia de nopales (Si vas con sandalias ten cuidado de no pisar los cactus) bastante invasiva. A cambio, en primavera sus increibles flores amarillas sirven de festín para las abejas.

Puerta Este de Filipópolis

Si te apasiona la historia antigua y la arqueología seguro que ya has visitado el Estadio romano, el Teatro Antiguo, el foro, el odeón y quizá hasta los restos del acueducto. ¿Te pensabas que esto era todo lo que puedes visitar gratis al aire libre en Plovdiv? Estás de suerte: En la plaza Alexander Malinov al este de Nebet Tepe, las ruinas de la imponente Puerta Este de Filipópilis, descubierta en los años 70, te están esperando.

Esta puerta monumental en forma de arco del triunfo en mármol se erigió durante el reinado de Adriano en el siglo II, en la vía que llevaba a Bizancio. Durante los siglos IV y V se le añadieron mejoras defensivas: dos torres y una fortificación, dado que la puerta quedaba fuera de las murallas de la ciudad y, desde el año 330 con la capitalización de Bizancio, ya Constantinopla, se volvió de vital importancia proteger y controlar el tráfico a través de la misma.

En el año 2017, un grupo multidisciplinar de profesionales de la arqueología, arquitectura y restauración apostaron por una metodología de mínima intervención para su conservación. Hoy cuando la visites verás que las piezas del puzzle están numeradas, a la espera de nuevas actuaciones para su completa habilitación como monumento.

Pese a ser una zona cercana al centro y llena de vida, muchos locales con prejuicios evitan esta Mahala (del árabe mähallä “asentamiento”. En búlgaro se usa como peyorativo para referirse a barrios (kvartal, cuartal) habitados mayoritariamente por minorías étnicas). Este barrio fue fundado en el siglo XV durante el gobierno otomano y todavía es zona de orgullosa coexistencia de búlgaros, armenios, turcos y romanís.

Las difencias de las distintas etnias y clases sociales se pueden apreciar en la arquitectura del barrio, donde bellas casas familiares de 2 o 3 alturas y bloques de pisos socialistas se entremezclan, así como coches aparcados de todos los precios y décadas.

Todas las fotografías son de Victoria Gastón. No tienen filtros ni retoques y si quieres usarlas, puedes pedirme permiso ©.

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